Incontables pasos me trajeron hasta acá, me duelen los pies. Por supuesto… no debí haberme descalzado, la ilusión de que todo el pueblo tuviera el suelo de tierra, era una idea romántica que me sedujo… es que necesito conexión.

El poder de asombro lo había dejado allá por la niñez, o eso pensaba… por lo menos hasta… hasta esto. Algo me llama, reclama mis sentidos, mi viaje, mis vidas. Definitivamente me atrajo. No quiero perderlo de vista. Siempre me sentí muy bien entre los contrastes, fusionar sabores, aromas… pero esto es demasiado. En mis headphones Cookin’ On 3 Burners, con su funk rabioso me demanda caminar y moverme con una actitud que no concuerda. Me los saco, me molestan. Todo en mi quiere contemplar, en silencio, en el más absoluto de los silencios.

Necesito sentarme, me palpitan los pies… y si existe un lugar en el universo para descansar… es este. Voy a meditar. No ni en pedo, no da cerrar los ojos acá. Este lugar es, incluso tiene el suficiente dramatismo occidental como para narrar los últimos días de cualquier desamor. “Chao chao mundo cruel… ves eso que está en tus manos? No es Versace nena, es mi corazón”, se me vino Fito a la cabeza y sus 139 Lexatins. Por qué cuando uno se imagina un momento como este es tan diferente a como lo vivís, qué carajo hago pensando en Rodolfito ahora. Por eso no medito.

Que raro esto. Este espacio. Esta temperatura, la luz y el sonido… es todo tan particular. Como un paréntesis en la realidad. Como una dimensión aparte. Tengo frío. Me voy a sentar contra aquella pared. No, mejor voy a acostarme en el medio. Estos momentos a solas, con mi cabeza, contra mis pensamientos y mis fantasmas me asustan. Nunca los quise escuchar, pero al mismo tiempo tengo miedo… terror de que sean una inseparable parte mía. Hace tiempo que lo niego, ya no me gusta. Pero, al mismo tiempo… gracias a eso llegué hasta acá. Soy… eso?… o este? ¿O soy las dos cosas? Cuando pienso en vos no puedo impedir que mis ojos se vuelvan lágrimas. ¿Hice todo esto para protegerte? Lo haría de vuelta de ser necesario, tal vez de otra manera, pero nada te pasaría. Ahora necesito de nuevo de vos, de tu simpleza, de tu alegría, y de tu asombro. Aquel pibito que se acostaba en la espada de su abuelo y le tomaba el agua fresca del cacharro de la cocina. Sigo siendo vos. Siempre fuiste yo. Dejemos en este instante esa distancia. Somos diferentes momentos de la misma vida, aportemos nuestras vivencias y caguémonos un rato de risa de ellas… “recordarte es un hermoso lugar”, con las patas en la tierra, acariciándome el alma, respirando… profundo.


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