Día a día, muchas personas quieren cambiar eso. ¿Qué nombre le podemos poner a eso?: insatisfacción profesional, inseguridad, timidez social, mandatos, estrés académico, ansiedad, dificultades para expresar las emociones, adicciones, los desafíos de la crianza, problemas de autoestima, miedo a la soledad, formas familiares que ya no van conmigo, e t c. Sin embargo, a veces te podés encontrar atascado con ciertas conductas cotidianas que permiten perpetuar que eso que se quiere cambiar, no cambie.
Cada experiencia mencionada contiene la complejidad única y personal, de los obstáculos y las emociones involucradas en los procesos de cambio.
¿Entonces, qué nos frena?… charlemos sobre esto.
En principio quiero mencionar que todos los factores pueden tener aspectos positivos o negativos. Incluso como veremos más adelante, hay aspectos que son propios de formas culturales, de costumbres. Entonces no necesariamente algo tiene que ser negativo, para que el cambio que tanto anhelamos no se produzca. A veces también tiene que ver cómo nos relacionamos con ese aspecto que resulta un obstáculo para el cambio que quiero.
Empecemos por ejemplo por la comodidad de lo conocido.
Fácilmente nos aferramos a lo familiar, incluso si no es saludable o beneficioso, porque lo conocido proporciona sensación de seguridad y de previsibilidad. El miedo a lo desconocido, a la incertidumbre y a la posibilidad de enfrentar desafíos pueden llevarnos a la resistencia. Incluso hasta reconociendo que el cambio sería beneficioso. Esta predilección por entornos conocidos puede estar vinculada a diversos factores:
Filogenéticos, como el instinto de supervivencia:
Desde esta perspectiva evolutiva, la familiaridad con el entorno brinda sentido de seguridad. Por este motivo, tendemos a sentirnos más seguros en entornos familiares. Con un posible origen en la asociación primitiva con la supervivencia y la reducción de amenazas, que dejó a través de años de evolución, un rastro en forma de confort emocional: la familiaridad con el entorno reduce la incertidumbre y la ansiedad, asociadas con lo desconocido.
Antropológicos, como los vínculos sociales y comunitarios:
Desde tiempos ancestrales, la supervivencia humana dependió en gran medida de la colaboración y el apoyo dentro de grupos sociales. La preferencia por entornos familiares puede ser una extensión de esta necesidad innata de conexión y pertenencia.
También la transmisión de conocimientos: el traspaso intergeneracional de conocimientos y tradiciones fue esencial para el desarrollo humano. Nos sentimos más cómodos en entornos familiares donde estas tradiciones y conocimientos son compartidos y perpetuados.
Culturales, como la valoración de la familia:
En muchas culturas, la familia se considera la unidad fundamental de la sociedad. Las normas culturales y valores pueden reforzar la idea de que la comodidad y la seguridad se encuentran en entornos familiares.
Otro factor culturalmente influyente puede ser el cambio en contraposición a la estabilidad. Las culturas pueden variar la manera en que valoran a la estabilidad frente al cambio. Las que tienden a valorar la estabilidad, pueden preferir la conexión con entornos familiares conocidos como una forma de mantener esa estabilidad.
Estos factores no son excluyentes e interactúan de maneras complejas. La preferencia por entornos familiares, puede ser una combinación de predisposiciones biológicas y adaptaciones culturales a lo largo de la evolución humana.
Ahora, vos me podés decir: todo bien flaco, pero entender de donde vienen ciertos hábitos o costumbres no hace que me sea más fácil cambiar. Y tenés razón, veamos específicamente la implicancia cotidiana de alguno de los puntos nombrados.
Zona de confort: Ese espacio que nos puede brindar seguridad. No porque sea realmente confortable, sino porque salir de esta zona puede generar ansiedad, incluso si el cambio sería positivo. (Esta ansiedad, nos puede vehiculizar al miedo)
Miedo al fracaso: El miedo a no tener éxito en el cambio puede hacer que uno prefiera quedarse en lo conocido. Este miedo puede ser paralizante, mientras posibilita sostener patrones de comportamiento no deseados.
Identidad y noción de yo: A veces, construimos una identidad alrededor de ciertos comportamientos o roles. Cambiar puede desafiar tu autoconcepto, lo cual puede resultar incómodo y desencadenar resistencia al cambio.
Inercia: Resistencia al cambio por el simple hecho de que las cosas han sido de cierta manera durante mucho tiempo. (Más vale malo conocido…)
Comenzar a superar la comodidad de lo conocido implica abordar estos aspectos emocionales y cognitivos. ¿Cómo? Buscando tomar conciencia de la comodidad de lo conocido y cómo esto puede estar afectando la capacidad de cambio es un primer paso importante. Conectando en el presente, con la necesidad de cambio y pensando sobre los posibles beneficios. Hacer este ejercicio en el aquí y ahora tiene un sentido, proyectarnos puede generar ansiedad, y la ansiedad nos vehiculiza hacia emociones que nos paralizan.
El cambio no tiene que ser radical desde el principio. Dar pequeños pasos puede hacer que sea más manejable y menos amenazante.
…va a haber una parte dos, sino quedaba muy largo. Ahí voy a nombrar algunas características más acerca de estos aspectos que nos pueden trabar cuando queremos cambiar. Si hubo algún punto que te gustaría que hable sobre el cambio, me podés escribir para que lo desarrolle. Incluso si hay otra temática que te pueda interesar, te invito también a escribirme para que lo desarrolle y podamos conversar a través de las palabras.
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