Durante 1425 años, filósofos como Heraclito, Aristóteles, Edmund Husserl, Martin Heidegger, Jean-Paul Sartre y Albert Camus, hablaron de alguna u otra manera acerca del cambio. La experiencia humana fundamentalmente es cambio.
En la publicación anterior, estuvimos hablando acerca de la resistencia al cambio, explorando factores como la preferencia por lo conocido, el miedo a lo desconocido, y la posible influencia de aspectos filogenéticos, antropológicos y culturales. Destacamos la zona de confort como un espacio que, aunque de cómodo no tenga nada, proporciona sensación de seguridad. Se exploró el miedo al fracaso, la identidad y la inercia como obstáculos para cambiar. Veamos algunos factores más…
Tomemos la procrastinación como punto de partida. Una trampa muy nombrada, que puede obstaculizar nuestros intentos de realizar cambios. Tanto la procrastinación como la postergación, son términos que se refieren al aplazamiento de tareas o decisiones, y comúnmente están asociadas con la evitación de actividades que generan malestar, ansiedad o que requieren esfuerzo.
Esto puede incidir en la toma de decisiones, y producirse -como ya vimos- por miedo a equivocarnos, o a enfrentar las consecuencias del cambio.
Cuando procrastinamos, solemos recurrir a autoengaños y racionalizaciones para justificar nuestro comportamiento. «Después lo hago», «Todavía tengo tiempo, no es tan urgente», «Necesito esperar el momento perfecto para empezar», «Primero miro un toque Instagram», «Quizá mañana esté más inspirado», «No puedo empezar sin un plan perfecto», «Lo hago mejor bajo presión», «Necesito un poco más de información antes de empezar», «Tal necesita de mi ayuda, después hago lo mío.
Estas frases reflejan la tendencia a posponernos, a posponer tareas o aplazar decisiones. A veces por un momento o condición mejor, o por otra persona.
Qué podemos hacer con esta conducta?
- Dividí el cambio en pasos chiquitos y manejables, así va a ser menos abrumador y más fácil de abordar.
- Definí metas específicas y posibles, vas a tener una mejor orientación y claridad sobre lo que querés lograr.
- Desarrollá un plan, jugá con la idea de cómo serían los pasos específicos y los plazos.
- Identificá posibles obstáculos y armá estrategias para superarlos. Esto incluye abordar las razones subyacentes de la procrastinación.
- Reconocete y celebrar tus logros, incluso los pequeños.
- Observá los patrones de autoengaño y racionalización.
- Armate rutinas y hábitos diarios.
Es importante abordar la procrastinación desde una perspectiva compasiva y sin juicio. Cambiar patrones de comportamiento lleva tiempo y esfuerzo, y reconocer pequeños avances es crucial para mantener la motivación y la confianza en el proceso de cambio.
Es importante recordar que el cambio lleva tiempo, y trabajar en la relación con uno mismo es un proceso continuo implica una serie de pasos y consideraciones.
Deja un comentario