POV: sos Mayka, la perra de Pablo

Me mudé hace poco. Para ser honesta no tuve mucho voto en la decisión. Un día estábamos en un lugar y al otro día estábamos en otro departamento. Nuevo edificio, nuevos olores, más juguetes.

Escuché decir a mi humano que es “un nuevo ciclo”. Yo digo que el ascensor tarda demasiado. Mientras voy aprendiendo que los ruidos del pasillo no significan que algo malo vaya a pasar.

Él trabaja escuchando a la gente. Se sientan enfrente y empiezan a hablar de cosas muy humanas: amor, miedo, familia, decisiones que ellos mismos a veces no entienden del todo. Yo escucho todo desde el piso. A veces alguien se emociona y me acerco un poquito. No hago nada especial. Solo estoy. Es curioso que eso, para los humanos, sea algo tan importante.

Mi humano piensa mucho. Muchísimo. Tiene cuadernos, notas, ideas, proyectos, conceptos, reuniones. Y… a veces camina por la casa hablando solo como si estuviera en meeting con alguien invisible. Creo que ese alguien es su cerebro.

Cuando salimos a la calle pasa algo interesante. Él mira el mundo. Yo lo huelo. Y creo que ahí está la diferencia entre nosotros. Él intenta entender la vida. Yo intento encontrar quién meó este árbol hace diez minutos, mientras descubro que aunque la correa se sienta floja, no me va a abandonar.

Mi humano cree que él acompaña procesos. Pero si te soy sincera… muchas veces me encuentro mordiendo mi peluche con la sensación de que yo también lo estoy acompañando a él.


Comentarios

Deja un comentario