…y la flor quedó fuera del frame.

Inspirado en una frase de Jesse PungaZ — Cara Bonita

Es que la pantalla no devuelve una imagen: devuelve una comparación.

Likes.
Algoritmos.
Filtros.

Y en medio de todo eso muchas personas empiezan a creer que no son suficientes.

Un padre y una madre llevan a su hijo en el cochecito por la plaza.
El niño mira todo con ojitos de asombro. Supongo que está sorprendido por los estímulos: olores, luces, sonidos, colores. Cada cosa es nueva.
La madre camina al lado del cochecito, en postura de text neck, ojos poseídos por el celular.
El padre empuja el coche.

En un tramo del camino, unas plantas desbordan sobre la parte libre del sendero. Entre la vegetación aparecen flores. Flores muy hermosas.
El padre frena. El cochecito también. La inercia del paseo se interrumpe. Aunque la madre sigue caminando unos pasos más.
El padre se acerca a la flor.

La mira.
La huele.
Por un momento parece desconectarse de todo lo demás.

Acerca el cochecito hacia las flores. Todo indicaría que va a girarlo para que el niño también pueda ver esa belleza de la naturaleza. Pero hace otra cosa. Saca el celular que estaba guardado en el techo plegado del cochecito. Le toma una foto a la flor. Y le muestra a su hijo la foto, la foto de una flor.

“Qué lástima que el cell phone les mató el self love…”

(Frase de Jesse PungaZ en Cara Bonita, en donde no habla solo de redes sociales. Tal vez habla de algo más simple: del momento en que empezamos a preferir la imagen de la experiencia en lugar de la experiencia misma.)

Cada vez existen más medios que nos “embellecen”.

Filtros.
Pantallas.
Algoritmos que corrigen la imagen.
Algo parecido a la maldición de Medusa. Pero en vez de transformarnos en piedra, nos transforman en zombis aesthetic. Personas que siguen caminando, hablando, publicando, mirando… pero cada vez más lejos de sí mismas.

Sin embargo, hay algo profundamente esperanzador. No importa a cuánta distancia nos alejemos de nosotros mismos, nosotros mismos siempre estamos cerca de nosotros mismos.

El contacto con uno no desaparece. No se pierde. Solo queda tapado. Volver al contacto, volver a la cercanía, a la comunicación, a lo íntimo, a lo humano, a lo amistoso, siempre está muy cerca.

A veces más cerca de lo que creemos.

Solo hace falta darse cuenta.


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