El viento me balancea y susurra que algo acontece. Mientras la tierra satura mi nariz apenas la humedad eleva su aroma. Los remos habían quedado encastrados en la chumacera, flotando y dibujando figuras sobre el agua. La corriente me llevaba y fluía. No reconocía el lugar y se me partía la cabeza. El paisaje me resultaba imponente. La soledad [humana], parecía absolutamente virgen. Y de un momento a otro, todo comenzó a cubrirse de una espesa neblina, mientras mi plexo se contraía y la angustia era mi única emoción presente. Apenas podía ver el camino por el cual avanzaba, hasta que perdí la noción del rumbo y del tiempo. Así fue durante horas. Hasta que una inquietud, insoportable se apoderó de mí. Miles de fantasías me oprimían el pecho y me desconcertaban. De pronto, mi atención se fue hacia el fuerte redoble de un tambor.
– Deberías parar de hacer las cosas que hacés. Y no me mirés así, como si no entendieras. ¿Más señales necesitas? Mirate. No no, a mí no. Primero mirate y decime ¿qué es lo que encontrás de vos? ¿Qué queda de vos? Todavía tenés lágrimas… ¿nunca te preguntaste de dónde vienen? ¡Ey! No mirés atrás, tampoco me mirés a mí. Sos la primera de las sombras que tenés que reconocer, y puta que quedan varias. ¿Estás buscando a alguien? Sabés muy bien que no estamos solos. Sí, está ahí, a tus espaldas… a tu izquierda. Pero si ni siquiera te animás a mirarte a vos mismo, ¿vas a buscarla a ella? Aunque quisiera ayudarte no la entenderías. Sé que a veces querés correr, es normal. ¿El camino que elegiste?, sí… ponele que fuiste vos. Una buena primera pregunta podría ser: ¿quién te trajo acá? De todas formas no te sientas mal, ni siquiera nos enseñan a plantearnos esas preguntas. ¡Eso! ¡Por fin! Ahora sí, mirame fijo y nunca más me pierdas. Tus ojos son universo… y los vas a necesitar, pero no para ver. Igual, vamos de a poco, se te está complicando salir de un mareo. Ese día… ¿te acordás? Me miraste y dijiste: “estoy tratando de ya no perderme nunca mas”. ¿Sabías que estaba ahí?, ¿o fue casualidad? Todavía no sabías que ibas a perderte realmente, pero ya sabías que no querías hacerlo. Escuchate, hay sabiduría en vos. Sentí. Sacarte del barro no es suficiente, solamente voy a correrte un poco la cara para que no te ahogues. Pero es necesario que entiendas lo que transitaste. ¡Baasta! Basta de vagar por ahí. Mirame a mí, mirate vos. Es tu cuerpo, ¿te olvidaste cómo moverlo? Te estás masticando tus propias alas, pero como todo lo mágico, tenés el culo que te van a volver a crecer. Procura aprender a volar. Porque por delante tenés un camino que se desprende del suelo.
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