Inmersión al camposanto

Debo haber dormido unas cuantas horas. Sentado en la punta de la chalupa sonrío y miro mis piernas mientras las muevo dentro del agua. Creo que hay ciertos reflejos; aquellos, los de la infancia, que siempre se quedan con nosotros. Y así como hay cosas tan sencillas que me llevan a la simpleza, por otro lado, hay cosas que… últimamente tengo sueños, demasiado reales. Y como suelo dormirme con los auriculares puestos, a veces se me filtran cosas. Pero… el tambor lo escuché, estoy seguro, estaba despierto. ¿Un tambor? ¿Ahí? Me quedé quieto un rato, mirando fijo al agua, despertándome.

Entrá en silencio.

No quise ni pestañear, sentía como la briza me secaba los ojos. La chalupa se balanceó hacia los lados mientras trataba de ponerme en pie. La suposición de que estaba soñando había quedado descartada. Seguía escuchando un murmullo, bajo y continuo. De nuevo miré a través del agua, pero nada había. No podía soltar la sensación que algo desde adentro me llamaba. Me senté, inhalé profundamente y me sumergí. Instantáneamente mis recuerdos se activaron. Esos, los del fondo.

Levanto en conjunto todo mi torso. Enseguida apareciste al final del pasillo. Vuelvo a enfocar en línea recta. Te sigo, siempre a través del visor. Llovía y el lugar estaba vacío… o por lo menos de vivos. La cámara es una herramienta proyectiva, detenés un momento, desde vos, desde tu punto de vista, desde tu estado de ánimo. Muchas veces el momento me impulsaba a configurar rápidamente mi Nikon y obturar a discreción,  y otras, simplemente no lo hacía. Si aguantás el reflejo reactivo de apretar, entraste a la experiencia. A ese intercambio perceptivo que fluye en ambas direcciones. Alma corazón ojo lente secuencia escena, unidos en aquel pasillo oscuro. Y hacia el final… claridad, que encastra y se mezcla, sin dar la posibilidad de entender donde empieza, cuál es el punto en donde está el horizonte lumínico. En el medio las gotas siguen cayendo del cielo. En mis auriculares Slash acelera mi pulso. No veo tu cara. Mi pulso sigue subiendo, tenía la toma… y corrí el dedo. Bajé la cámara. Me acerco. Vos retrocediste y traspasaste una puerta de granito negro. Había un hueco con forma de cruz por donde puedo mirar hacia adentro. Me acerco. Ojo izquierdo cerrado, ojo derecho abierto en el visor. Pasos. Miro por fuera, y en el reflejo del granito te vi a mis espaldas. Realmente estaba disfrutando el momento. Era mío, íntimo y eterno. Y esa foto… esa foto nunca fue. El exterior había compensando esa energía densa que traía adentro. Afuera y adentro, era lo mismo. Me sentía uno más ahí, correteando a alguien que ya no estaba, de alguna forma, el sueño y mis recuerdos me están diciendo lo mismo. Necesito recordar quién soy, solté el aire y subí a la superficie.


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