Existe una peculiaridad insidiosa en el funcionamiento de la mente que, si se le permite, puede conducir a un constante susurro de pensamientos. ¿Te suena este escenario?
Sabés… a veces siento como si mi mente estuviera atrapada en un laberinto sin salida. Como si fuera una montaña rusa. Siento como si mi mente estuviera en constante caos, como si cada pensamiento fuera un remolino que me arrastra más y más profundo. Cada pensamiento parece conducir a otro, y a otro, y a otro y antes de darme cuenta, estoy atrapado en un quilombo de preocupaciones. Como si cada decisión, por insignificante que parezca, pudiera tener repercusiones catastróficas. A veces me pregunto si estoy exagerando, pero no puedo evitarlo, es como si mi mente estuviera programada para siempre anticipar lo peor. Y luego está el pasado, siempre acechando. Cada error, cada palabra mal dicha se reproduce una y otra vez en mi cabeza. ¿Y si hubiera hecho esto o lo otro? ¿Y si las cosas hubieran salido de otra manera? Es como si estuviera atrapado en un bucle infinito de autoexaminación. Lo peor de todo es que sé que este sobrepensamiento es contraproducente. Sé que debería aprender a dejar ir, a vivir en el momento presente. Pero es más fácil decirlo que hacerlo…
El término overthinking se refiere a un patrón de pensamiento rumiante o constante en el que a veces nos involucramos en un análisis excesivo y repetitivo de situaciones, problemas o decisiones. Cuando alguien está overthinking, tiende a sobrepensar los detalles, a considerar múltiples escenarios posibles y a preocuparse excesivamente por las consecuencias de sus acciones o palabras. Esta tendencia a rumiar constantemente puede llevar a un estado de ansiedad, estrés y agotamiento mental. El sobrepensamiento puede ser problemático porque interfiere en la cotidianeidad, causa malestar emocional y dificulta la resolución efectiva de problemas.
Hay una serie de preguntas que nos podemos ir haciendo para ir desacelerando estos pensamientos. Por ejemplo: ¿Qué los desencadena? ¿Sos consciente cuando se activa esta forma de pensamiento?
Es un proceso gradual. Con ayuda de algún tipo de proceso terapéutico, se pueden explorar algunas estrategias adicionales para observar esos pensamientos distorsionados. A veces puede ser abrumador. Y lleva un tiempo auto observarse y ver hacia dónde van nuestros pensamientos, aprendiendo a desidentifcarnos de ellos.
La práctica de mindfulness -atención plena-, de yoga, de respiraciones conscientes, de meditaciones dinámicas, pueden ayudar cuando siento que mi mente comienza a divagar hacia los pensamientos que se enredan. Estos pensamientos tienen varias características: nos llevan hacia el pasado o hacia el futuro (pero definitivamente no estamos en el presente); analizamos excesivamente (se desmenuzan los problemas en pequeños detalles y se consideran múltiples posibilidades y escenarios hipotéticos, lo que dificulta llegar a una solución clara; LA indecisión (es como si estuviéramos imposibilitados de tomar una simple decisión porque nos abruman las opciones); cine catástrofe! (muucho pensamiento negativo); autocrítica fuerte (juicio muy duro conmigo mismo); malestar emocional y dificultad para desconectar (una vez que arranca este pensamiento nos lleva a pasear).
Al identificar alguna de estas características cuando suceden, comenzamos a ser conscientes en el mismo momento y podemos tratar de enfocarnos en el momento presente dejando ir las preocupaciones sobre el futuro o el pasado. Aunque, a veces sea como si la mente tuviera una mente propia y simplemente no nos responde. Y es comprensible que haya momentos de resistencia. La atención plena es una habilidad que se desarrolla con la práctica constante.
Cuando comenzamos a realizar algún tipo de actividad consciente para habitar nuestro pensamiento en el presente, comienza a hacerse notorio por momentos, que se pueden detener esos pensamientos antes de que se conviertan en un quilombo. Reconocer en esos momentos los propios avances es un paso importante.
También puede servir registrar qué situaciones específicas desencadenan mi sobrepensamiento, como las interacciones sociales o la toma de decisiones importantes. ¿Qué es lo que más nos preocupa en esos momentos? Por ejemplo sentirte juzgado por los demás, o sentir miedo por cometer errores o decepcionar a las personas que te importan. Incluso podría darse la combinación de algunos de estos ejemplos, momentos en los se puede estar abrumado por la presión de tomar decisiones importantes, y otras veces encontrarse atrapado en un ciclo de pensamientos negativos sobre uno mismo o sobre el futuro. Reconocer estas situaciones desencadenantes es un primer paso importante.
Desandar estos hábitos de pensamiento es un proceso gradual y es importante ser amable con uno mismo durante este tiempo, aprender a ser paciente y celebrar cada pequeño paso en el camino.
Deja un comentario